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De San Pedro a Oaxaca, el futuro se mueve en bici

De San Pedro a Oaxaca, el futuro se mueve en bici

La ONU proyecta que para 2030 seremos 8 mil 500 millones de personas, de las cuales aproximadamente un 80% vivirán en las ciudades, las cuales necesariamente tendrán que adaptarse para ser habitables, resilientes y sostenibles. Más allá del dato duro, el hecho de que cambien las condiciones atmosféricas que hacen al planeta habitable significa que, invariablemente, todo debe cambiar.

Ese cambio social todavía enfrenta resistencias que postergan la inminente transformación de las urbes mexicanas. Las últimas semanas, la Cumbre del Clima de Glasgow ocupó el foco de la opinión pública, quizá como ninguna otra anteriormente y, sin embargo, el contraste con el incipiente compromiso con la sostenibilidad lo evidenció la ausencia de AMLO en el foro, así como las controversias en torno a la implementación de infraestructura ciclista en ciudades como San Pedro Garza García, en Nuevo León, y en Oaxaca de Juárez.

Dos ciudades distantes, distintas cultural y socioeconómicamente hablando, pero con coincidencias y retos comunes. Para entender mejor lo que pasa platiqué con Cecilia Garza, directora de Movilidad del Instituto Municipal de Planeación y Gestión Urbana (Implang), quien me cuenta que el trabajo por incentivar la movilidad sustentable en la ciudad no es reciente, en 2014 hubo un antecedente importante con el proyecto San Pedro Gran Vía, con el que se implementaron 21 km de ciclovía, aunque tampoco estuvo exento de críticas y controversias.

“Desde la actual administración municipal se ha dado un fuerte impulso a la recuperación de espacios públicos y, por supuesto, al proyecto del corredor de movilidad segura Vía Libre, el cual contempla la ciclovía confinada, la redimensión de carriles vehiculares, semáforos peatonales, extensiones de oreja en baquetas, etcétera. Como podrás ver, se trata de todo un plan integral con el fin de darle mayor funcionalidad a la ciudad”, señala Cecilia Garza.

Sin embargo, la iniciativa ha enfrentado resistencias vecinales y de la opinión pública, principalmente por el retiro de vueltas continuas en la avenida Alfonso Reyes porque se percibe como una “incomodidad” para las personas automovilistas, incluso hace unos días una recalcitrante editorial de El Norte argumentó: “Las autoridades pensarán que la ciudad del futuro es una en la que los ciudadanos se trasladen en bicicleta, sin embargo, los CIUDADANOS NO PIENSAN IGUAL”, evidentemente, una postura desde la convencionalidad del androcentrismo y autocentrismo.

En Oaxaca, la implementación de la Biciruta también ha enfrentado la organización de vecinas/os y comerciantes de la colonia Reforma, que no se unen para resolver problemas, como la escasez del agua o la falta de alumbrado público, pero sí para rechazar la habilitación de una vía segura para quienes se mueven en bicicleta.

Al respecto, la especialista y activista Claudina de Gyves me comparte que los trabajos para hacer realidad un sistema de infraestructura ciclista en Oaxaca de Juárez se remontan a 2012. “La Casa de la Ciudad lleva al menos una década impulsando el tema, comenzando por el proyecto llamado Arco Sureste, de Av. Ferrocarril. Desde entonces ha habido un proceso de participación ciudadana de grupos ciclistas, urbanistas, académicos y técnicos que, a través de los años, hemos ido delineando un mapa colectivo. En 2020, en el contexto de la pandemia y sus implicaciones en términos de movilidad, Oaxaca es elegida por la Sedatu para desarrollar un proyecto de infraestructura ciclista que despresurice el transporte público”.

Tanto en San Pedro como en Oaxaca, la implementación de las ciclovías no se trata de ocurrencias ni de arbitrariedades, ambas tienen una historia de trabajo colectivo de muchos años, cuyo objetivo es ofrecer alternativas de movilidad sostenible, activa, como caminar o la bicicleta, nada descabellado en un país con altísimas tasas de diabetes y obesidad. Estamos contra reloj para hacer cambios profundos, estructurales, sistémicos, personales y, por supuesto, de mentalidad. ¿A qué hora nos va a caer el veinte? Cuando la situación sea tal que digamos, ¿ya para qué?

Cecilia, Claudina y yo nos mantenemos positivas sabiendo que los cambios son inminentes. Como bien decía el texto de El Norte, somos de las que creemos que el futuro de las ciudades se mueve en bici, porque continuando como vamos, no hay futuro.

Fuente: Excelsior

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