Por Ismael García M./Zona Roja

El afán del Presidente Andrés Manuel López Obrador de aparentar una normalidad sanitaria en México y un triunfo inexistente contra el coronavirus, así como el interés del gobernador Alejandro Murat de complacer al Gobierno de la República, están a punto de desencadenar una mayor tragedia.

El pasado miércoles 13 de mayo, aún con datos imprecisos, el Consejo Nacional de Salubridad anunció que este lunes 18 de mayo reiniciarían actividades sociales, económicas, culturales y educativas en 269 municipios del país, de los cuales 203 están en Oaxaca.

Este fin de semana, de manera contradictoria e ilógica, los números crecieron, sin explicación alguna, a 324 y 213, respectivamente, mientras que los casos positivos y fallecimientos por Covid-19 van al alza de manera alarmante… y el sistema de salud colapsa ante tantos pacientes.

El anuncio provocó el relajamiento de las medidas sanitarias en muchas partes del país, incluyendo la capital oaxaqueña, pero también una rebelión, literalmente, de las comunidades indígenas consideradas “municipios esperanza”, por no tener contagiados ni vecindad con pueblos que tengan enfermos del virus.

En el caso de México, la primera crítica contra el gobierno de López Obrador vino por su afán de utilizar el término “esperanza”, dándole una connotación política a un tema eminentemente social y de salud, pues es el mismo que ha utilizado en campañas proselitistas.

En segundo término, señalaron, incluso a nivel internacional, el probable ocultamiento de casos positivos y fallecimientos, ante el deficiente sistema de conteo y el uso político de las cifras, para decir que México está enfrentando de manera exitosa la pandemia. Asimismo, el interés presidencial por complacer a Donald Trump en materia comercial.

Pero la situación sanitaria sigue siendo grave en el país. A la noche del domingo, ya se contabilizaban cinco mil 177 decesos, así como 49 mil 219 confirmados acumulados, de los cuales 11 mil 105 eran activos; en de la semana que concluyó se registraron casi 300 muertos en un solo día.

En el caso de Oaxaca, hasta la noche de este 17 de mayo, se acumulaban 70 defunciones y 445 positivos; el pico más alto hasta ahora, fue el pasado sábado, con 47 nuevos casos en un solo día.

La periodista Nadia Altamirano –también conductora de un programa especializado en el tema, “Oaxaca ante el Covid”, en la Cortv–, hizo un somero análisis:

“En siete días, del lunes 11 de mayo a este domingo, se han confirmado 195 casos nuevos de Covid-19, lo que representa el 43.8 por ciento de los 445 casos acumulados.

“Esta semana se notificaron 23 defunciones, que representan el 32.8 por ciento de las 70 defunciones acumuladas. La alta incidencia epidemiológica es evidente”.

Huelga decir además, que Oaxaca es uno de los estados del país con más alta tasa de mortalidad por Covid, por cada 100 mil habitantes.

Y si a eso se le agrega una semana fatal en materia hospitalaria, quiere decir que lo peor de la crisis está por venir.

La inoperancia en los Servicios de Salud de Oaxaca a cargo aún de Donato Casas Escamilla, han derivado en una grave crisis en el sistema de salud. En la semana que concluye, colapsaron los hospitales del IMSS en la capital y el Hospital Regional de Alta Especialidad en San Bartolo Coyotepec, por el gran número de pacientes.

En tanto el nosocomio del ISSSTE –al igual que los demás– arrastra serias deficiencias tanto en equipamiento como en insumos de protección al personal médico, lo que ha originado diversas protestas. A un mes del anuncio, el Hospital de Especialidades de Juchitán, aún no pone en operación para atender a contagiados; es más, ni siquiera se ha concluido.

Por si fuera poco, el oaxaqueño Luis Antonio Ramírez Pineda, hijo del ex gobernador Heladio Ramírez López, no ha tenido el mínimo interés de apoyar a su tierra y desde hace año y medio está prácticamente ausente de su tierra.

Ante ese panorama, el gobernador Alejandro Murat determinó habilitar el Hospital Civil “Dr. Aurelio Valdivieso” para atender a pacientes Covid-19, lo que originó de inmediato el rechazo de trabajadores, nuevamente ante la falta de materiales y equipos.

Las quejas y rechazos se han extendido a hospitales del Istmo, como el “Dr. Macedonio Benítez Fuentes”, de Juchitán, que se opone a atender infectados; el de Ciudad Ixtepec, que rechazó a un paciente el sábado, y ahora Salina Cruz, que también se manifiesta.

El presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, Horacio Sosa Villavicencio, se sumó también a la recomendación de no reiniciar clases y otras actividades este lunes, ante el grave riesgo para la salud.

La Sección 22, a pesar de las millonarias prebendas, emitió un comunicado para decir que no acatará la medida de “nueva normalidad” y mucho menos expondrá a maestros y alumnos.

Han sido además por lo menos 100 ayuntamientos, de prácticamente todas las regiones del estado, que han expresado su rechazo a reanudar actividades este lunes 18.

“Sí ir pensando en abrir, porque tenemos que reiniciar en cabalidad la vida productiva, la vida económica, social, cultural  en nuestro país, el regreso a la ‘nueva normalidad’”, insistió este domingo el Presidente López Obrador desde los pasillos del Palacio Nacional.

Pero no hay condiciones. La pandemia en México, como en Oaxaca, es intensa y esta tercera semana de mayo, al igual que la cuarta, los casos de contagiados seguirán en aumento.

Casi a la media noche del domingo, el gobernador Alejandro Murat Hinojosa reculó, presionado por la Sección 22, el Congreso local y los municipios, y a través de un video anunció que no se reanudarán, como tampoco las actividades esenciales.

Sin embargo, desde el miércoles del anuncio, el daño ya estaba hecho: se comenzó a relajar la disciplina sanitaria hasta en la capital del estado; los municipios también habían comenzado a abrir sus puertas y se recobraba la vida pública.

Los resultados fatales se verán en dos semanas… justo cuando otra vez, el gobierno federal y el estatal insistirán en que ya es tiempo de regresar a la “nueva normalidad”.