Opinión

Ni la 4T ni el CJNG quieren prensa incómoda

Ni la 4T ni el CJNG quieren prensa incómoda

Difiero de la idea de que el periodismo en México es la profesión más peligrosa del mundo, incluso entre los países en guerra o que viven la violencia del terrorismo.

Toda proporción guardada, aquí todavía no se dan casos de reporteros secuestrados por grupos como los talibanes ni han puesto bombas en redacciones o sufrido el ataque artero dentro de medios de comunicación como la masacre en el semanario sátiro francés Charlie Hebdo que dejó 12 muertos en 2015. Pero si no aprendemos de lo vivido en otras latitudes, estaremos condenados a repetirlo.

Cierto, han sido asesinados, secuestrados, amenazados, forzados a solicitar asilo o simplemente desplazados decenas de periodistas mexicanos desde el siglo XIX, pero no con la violencia sistemática de grupos extremistas o gobiernos totalitarios. Actualmente los comunicadores viven la violencia política generada por el crimen organizado y la tradicional práctica represora de los caciques políticos, pero la actividad periodística mexicana se desarrolla con aceptables márgenes de libertad e incluso propiciada por algunos gobiernos e incluso subsidiada por grupos delictivos.

Lo que sí vivimos ahora es el embate verbal, las descalificaciones, una violencia fingida de tirios y troyanos. Lo mismo, la Presidencia que el Cártel Jalisco Nueva Generación se inconforman con las críticas o señalamientos que se hacen desde el periodismo profesional y no comprometido. Como si el Ejecutivo o las organizaciones delictivas fueran dueños de los medios de comunicación o los jefes de información, quieren dictar la línea editorial. El Presidente busca una prensa uniforme acorde con su proyecto político y El Mencho -que se erige en moderno Robin Hood o secretario de Bienestar por la ayuda asistencial a los pobres-, se queja de la cobertura que hace la periodista Azucena Uresti y otros medios de comunicación de las actividades de las autodefensas en Michoacán -grupo armado ilegal que puede ser tan peligroso como las células del narcotráfico-, rivales del CJNG. Puntos opuestos ahora se juntan. Un gobierno legítimamente constituido coincide con los intereses de la mafia mexicana. Ambos detestan el ejercicio libre y profesional del periodismo, no se acepta la crítica a sus actividades, se deben presentar los hechos como mejor convenga al proyecto político en turno y justificar o legitimar las acciones de los criminales como normales y hasta de ayuda a la población.

Ese mundo perverso es el más peligroso para el periodismo en México. Cierto, corren el riesgo de ser asesinados por su actividad diaria, pero es todavía más letal la intimidación o descalificación que se hace de la función informativa. La uniformidad de la comunicación es privativa de las dictaduras militares, los regímenes totalitarios y de los gobiernos que cohabitan con el crimen organizado.

La defensa de la libertad de expresión como garantía individual y valor social la deben hacer los mismos periodistas. No se puede solapar la autocensura ni permitir que el régimen imponga los parámetros del verdadero periodismo. Las autoridades deben aceptar la disidencia, las críticas, la opinión diferente, ello ayuda a mejorar las políticas públicas y la gobernanza. Las descalificaciones desde “la mañanera” no deben preocupar a los comunicadores, al contrario, hay que hacer un vacío a esos miércoles de ataque, eso sí le duele al Presidente.

Fuente: Diario Imagen

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