Por Ismael García M./Zona Roja

Cuando pidieron recomendación al que manda en Oaxaca, desde la Ciudad de México, su gesto fue de duda. “¿Me garantizas que puede? ¿Que va a sacar la chamba? ¿Que no se va a meter en pedos?”. Quienes abogaban por Rubén Vasconcelos Méndez, entre ellos su cuñado Germán Espinosa Santibáñez, dieron como garantía su palabra. Ahora están arrepentidos.

Su designación fue por “dedazo”, no por capacidad ni currículum. Fueron 39 de 42 votos los que obtuvo Vasconcelos Méndez para ser fiscal General del Estado, en la sesión del pleno efectuada el 12 de mayo de 2017; “les dieron 200 mil pesos a cada uno de los diputados para que votaran a favor, incluidos los morenistas”, reveló una fuente.

Dos años y medio después, de los siete que comprende su periodo, Rubén Vasconcelos ha causado más conflictos y problemas –incluyendo de índole político al gobernador– que soluciones.

Se ha peleado con funcionarios del gabinete estatal, con mandos militares, con organismos de la sociedad civil; es blanco de constantes reclamos por la impunidad que procura y los nulos resultados en casos relevantes, como el más reciente, de María Elena Ríos Ortiz, que comenzó a investigar tres meses más tarde, hasta después de una explosión mediática.

En realidad, su primer problema es él mismo: su desconfianza hacia todo su personal –enemigos que tiene debajo de su escritorio–; la cerrazón informativa para evitar cuestionamientos; la orden tajante a los demás mandos de no dar declaraciones ni información; el seleccionar a comandantes y fiscales cuestionados y con serios involucramientos en turbios asuntos; su protagonismo cubierto de soberbia.

Pero a la vez aseguran que solapa presuntas corrupciones, desde la Oficialía Mayor, por beneficios económicos para sus actividades políticas, y porque le lleva ante notario Miguel Ángel Morales Amaya asuntos inmobiliarios, según las fuentes de esa dependencia, como la adquisición y construcción en San Andrés Huayápam.

ETERNO BURÓCRATA

En realidad, pese a su doctorado en Derecho, el actual fiscal no conoce el sistema de procuración de justicia –que quiso revolucionar a su manera, desde su llegada–, pues la mayoría de sus cargos han sido irrelevantes en la entidad.

Antes de la Fiscalía, fue encargado de la Comisión Ejecutiva de Atención de Víctimas a nivel nacional, del que pretendió la titularidad pero no tuvo ningún respaldo político ni legislativo; antes de ello, fue director de la Asesoría Jurídica federal de Atención a Víctimas.

Asimismo, director adjunto de estudios y proyectos del Consejo de Coordinación para la Implementación del Sistema de Justicia Penal.

En Oaxaca, su primer trabajo fue en el entonces Consejo de Tutela para menores infractores, después como enlace institucional de la Secretaría General de Gobierno y luego como coordinador de asesores de esa dependencia, en el gobierno de Ulises Ruiz Ortiz.

ASPIRACIONES POLÍTICAS

Tras llegar a la Fiscalía, su primer conflicto fue con la propia base trabajadora, que le hizo un paro de labores por querer modificar normativamente la condición laboral; tuvo que recular.

Después, alguien le dijo al oído que tenía pinta de candidato a algo; empezó a filtrar con sus allegados que podría ser candidato a presidente municipal de la capital, quizá por el Partido Nueva Alianza.

Hasta que un comunicador lo despertó y le dijo: “¿tienes la bendición del que manda?, si no es así, mejor olvídalo”. No lo olvidó del todo, pues a través de redes sociales, intentó promover su imagen difundiendo efemérides, con su nombre al final.

Pero la realidad se le fue imponiendo. Las agresiones a periodistas, los crecientes feminicidios –ha tenido a tres fiscales de género, de las que dos le han renunciado por sus imposiciones, la tercera pronto lo hará–; la nula efectividad en el trabajo; los roces con el entonces coordinador de la Agencia Estatal de Investigaciones, José Antonio Yglesias Arreola, que desde el primer día le puso su renuncia en la mesa, son su agenda cotidiana.

CONFLICTOS CON FUNCIONARIOS

“El fiscal soy yo y soy el único que manda”, parece ser su apotegma, lo que le ha valido conflictos con miembros del gabinete de Alejandro Murat.

Ante los cada vez más evidentes roces con Yglesias Arreola, un día los convocó el gobernador al hangar: “ya pónganse a trabajar, quiero resultados, no pleitos”; “qué pasó Toño, por qué no hay detenciones ni investigaciones”; “pregúntenle a él, que asumió indebidamente el mando de la AEI, respondió el entonces todavía director.

Caso similar ocurrió con el fiscal Anticorrupción, José Emilio Iruegas; también fueron llamados por el gobernador, ahora a Palacio. “Cuál es el problema? ¡Ya pónganse a trabajar!, les dijo el mandatario; “señor, presupuesto no tengo, no puedo hacer gran cosa”, justificó Iruegas; “sí estamos trabajando gobernador, le estamos echando ganas, estamos trabajando por Oaxaca”, respondió Vasconcelos. “Mira, a mí no me vengas con demagogia, o me das presupuesto o te dejo mi puesto, si lo que quieres es mi puesto, te lo dejo”, devolvió Iruegas.

“¡No lo quiero en mis reuniones; no me sirve; si él viene, yo no presido la reunión!”, cuentan fuentes militares que se expresaba el entonces comandante de la VIII Región Militar, Alfonso Duarte Mújica, acerca de Vasconcelos.

Con Héctor Anuar Mafud, la relación es tibia, por no decir poco tersa; con José Raymundo Tuñón y José Manuel Vera Salinas, sólo desconfianzas y nulo trabajo conjunto; pleitos por espionajes mutuos.

Son múltiples los testimonios de sus conflictos, además de los protagonismos, como el más reciente operativo efectuado en San Francisco Tutla a un domicilio de los Villaseca, en que excluyó de su boletín la participación de la Policía Estatal.

Con Raúl Ernesto Salcedo, es institucional únicamente la relación; el actual coordinador de la AEI, José Alfredo Álvarez, se mantiene encerrado a piedra y lodo, a falta de operatividad y pronto se irá.

NULOS RESULTADOS

La constante también en la Fiscalía General ha sido la respuesta únicamente mediática, o la impunidad. Es sonado el caso de la fotoperiodista María del Sol Cruz Jarquín, de la que a año y medio, no hay justicia; o de Ivanna Mingo; o de María Elena Ríos, que tres meses y medio después, detuvo a dos probables responsables.

En materia de agresiones a periodistas, prácticamente no hay casos resueltos más que en los que los involucrados o la víctima se desiste o llega a un acuerdo; ahí está Rebeca Luna, que un mes después tuvo que hacer una protesta en el zócalo para ser escuchada y atendida. Ahí está el caso de Telésforo, locutor asesinado, del que aún no hay ninguna persona sentenciada.

O el caso del niño Edward, que volcó a la comunidad médica estatal y nacional ya no en contra de la Fiscalía sino contra el gobernador Alejandro Murat (como ocurre en todos los casos de gran relevancia. ¿Qué decir de las desapariciones? Nada se sabe de Cajonos, de Güilá, de Soyaltepec… ¿Qué decir de los crímenes políticos?; nada, en absoluto, ni siquiera a favor de familiares del personal de la AEI que ha sido asesinado.

Su más reciente confrontación –en que metió en graves problemas políticos al gobernador–, con el Partido Morena y el vicecoordinador del Senado, Salomón Jara Cruz, por el caso del edil asesinado de Jalapa de Díaz.

Por encima de ello, el fiscal Rubén Vasconcelos quiere que alguien le escriba bonito, que lo halague, para lo cual destina algunos recursos monetarios o materiales, fuera de la legalidad. Pero los yerros son constantes, hasta de sus allegados, hasta de su oficina de prensa, con un tercer titular en el área.

Y aún sobre ello, quiere ser candidato de algo y dedica los sábados a reuniones sociales, con quien se deje, así sea para visitar la Central Camionera o apadrinar organizaciones de transporte o civiles. Pero por lo pronto, en la ciudad de México, ya dijeron: caput.

Próxima semana: ¿Y qué hace Karina Barón en materia de prevención y seguridad?